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Hizo de “Mel” en
Boluda Way, se “tatuó” para la tele la frase Todo caca en el
antebrazo o actuó de un ridículo punk con pelo largo para los
sketchs del programa. “Me gusta mucho actuar”, dice Mel, que ya
cumplió 45 años aunque su estampa lo vuelva un eterno pibe. En los
últimos tiempos, Mel participó también de “Siempre Listos”, “Peor es
nada”, “Poné a Francella”, “Dadyvertidos”, puso su cuerpo para
numerosas publicidades (principalmente para Budweiser) y trabajó de
extra en Funes, un gran amor, entre otros films. El mundo de la tele
no le dio respiro, pero Mel estaba entrenado.
Nació cerca de Tampa, al sur de Florida, sede de Busch Garden’s, una
empresa de diversiones de Budweiser. En 1977 había sido el primer
volcador de los Estados Unidos en las ligas universitarias y con
menos de 20 años tenía todo el futuro por delante. “Vine para acá
porque era muchísima plata. Iba a ganar de un día para el otro como
un millón de dólares”, recuerda Mel, que se recibió de psicólogo en
la Universidad y jugó varios partidos en la NBA, antes de partir. Su
color y su espectacular perfomance para volcar los balones lo
convirtieron en una verdadera celebridad en Gimnasia. Su fama se
extendió en el país cuando jugó en Vélez y más tarde en Boca Juniors.
En la época de Vélez conoció a una argentina, de quien se enamoró. Y
se quedó. “En aquella época aprendimos mucho con los jugadores
argentinos y ellos aprendieron con nosotros. Hoy el equipo de
básquet de Argentina es uno de los mejores del mundo. Lo demostró en
el último Mundial. Aquí la gente no apoya a sus deportistas. Es muy
triste”, dice.
Sus sobrinas lo llaman el tío pintado. “En un país con tan pocos
negros, la gente siente curiosidad por mí. Los jóvenes se acercan a
tocarme, los niños me preguntan si me bañé. Pero a la vez siempre me
sentí muy protegido y querido por el barrio”, dice Mel. Y es cierto:
el vecindario lo tiene presente como uno de esos adornos que no se
tocan por más que pasen las fiestas. Después de 23 años de vivir en
el país, Mel se siente instalado en un techo a dos aguas. “Aquí no
soy argentino, pero cuando voy a Estados Unidos tampoco me siento
estadounidense. Me gusta cómo la gente putea acá, cómo se pelean,
cómo indican cuando necesito llegar a un lugar. Me gustan los
bocinazos. En Tampa, mi pueblo, todo era silencio”.
Desde el ‘80 al ‘84, de la mano de Mel, Gimnasia ganó casi todo lo
que podía ganar en el mundo del básquet. En aquel equipo estaba
también Clarence Mecafe y Michael Jackson, nombre que nada –ya ni el
color– tiene que ver con el músico. En ese equipo también jugaba
Roberto Draghi, novio de Susana Giménez. “Susana iba a ver los
partidos. En aquella época yo vivía como un rey, mejor que Menem”,
dice Mel, quien perdió a un amigo del básquet en la guerra de
Malvinas. Curiosamente, o no, durante el gobierno militar ser
basquetbolista, negro y estadounidense se había convertido en un
bien de consumo apreciado. “Con mis amigos negros salíamos a caminar
y teníamos miedo de tantos militares. Eramos raros, todos nos
miraban pero nunca nos hicieron nada”, recuerda Mel, que por
entonces ni sabía en qué país estaba haciendo dribling. En 1986 Mel
caminaba por los alrededores de Vélez Sarsfield junto a Navarro
Montoya, cuando se cruzó en una feria de ropa con su futura mujer.
La primera cita fue a la medianoche, a la salida de la feria. Y para
la ocasión Mel gastó cien dólares en flores, se puso sus anillos,
sus colgantes de oro y fue a buscarla. “El oro representa al poder”,
dice Mel. Ella lo vio, entonces, parado frente a la puerta, y se
avergonzó tanto que salió a escondidas. “Nadie me había dejado
plantado así nunca”, confiesa Mel a Página/12. Mucho tiempo después
Mel pudo conquistarla.
De los trescientos basquetbolistas afroamericanos que llegaron desde
la apertura económica de Martínez de Hoz, sólo unos veinte quedan en
el país. Ahora, terminado “Todo X 2 $”, Mel volverá a las
promociones, a dar clases en su escuela de básquet y a sus
relaciones públicas en nombre de la radio “Impacto” de Baradero
donde llegó a trabajar, ni más ni menos que por los contactos del ex
presidente del club San Andrés, actual interventor del Comfer:
Carlos Caterbetti. “El es muy amigo de Duhalde”, confiesa Mel. Y
mientras busca la forma de sacar sus “dolores”, dice, atrapados en
el corralón financiero, el jugador-actor dice, encima, que quiere
crecer más: “Pero no en altura”, dice con su carcajada de dientes
blancos.
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FUENTE: PAGINA 12 |