GUSTAVO NICOLAS AGUIRRE

 
 

 

Gustavo Ismael Fernández

 

Fue el base titular del Boca campeón 1996/97. Los que saben de básquet ubican a Gustavo como una de las dos principales figuras que ha dado en su rica historia el básquet riotercerense, podio que puede compartir quizá con Pablo Prigioni, quien también surgió en el club 9 de Julio y hoy es estrella en España y figura de la selección nacional.
La imagen de un joven Gustavo Fernández levantando el trofeo de campeón de la Liga Nacional 1990/91, como capitán de GEPU, llorando de emoción en medio de los festejos, quedó instalado como uno de los momentos más conmovedores de la historia de esta competencia.
En todo ese tiempo de jugador en la Liga Nacional llegó a disputar 798 partidos y a anotar 6.548 puntos, agregándole también 2.371 asistencias y 831 triples convertidos. Estas cifras la Liga Nacional de Básquetbol ya lo depositaron con justicia en un lugar destacado de su historia.

Su última actividad como jugador la desarrolló en su club, 9 de Julio, al que llevó a ganar el Torneo Provincial de Córdoba y le dio el ascenso a la Liga B, de la que la institución participará en la temporada 2007/08. Ese último logró tuvo un premio especial y muy deseado por el Lobito: jugó como compañero con uno de sus hijos, Juan Manuel, de 16 años, quien se perfila con un interesante futuro.

En su brillante trayectoria en la Liga Nacional, a la que llegó con solo 21 años, Fernández disputó 16 temporadas y alcanzó 5 títulos. Comenzó en GEPU de San Luis, en el que se coronó en 1991 y 1993, Atenas de Córdoba, Boca, con el que fue campeón en 1997, Estudiantes de Olavarría, donde consiguió los títulos en 2000 y 2001, para cerrar con sus pasos por Estudiantes de Bahía Blanca y Quilmes de Mar del Plata. Además, con el equipo Olavaria, fue campeón panamericano en 2000 y de la Liga Sudamericana en 2001.
 

Reportaje de La Voz (29/06/07)

 

-Si tuvieras que traer a tu mente cómo empezaste a jugar al básquet, ¿cómo lo recordás?
-Mi casa estaba al frente del club. Me pasaba horas allí y en el grupito de chicos que íbamos haciendo un poco de cada deporte que había, se nos ocurrió ir también a básquet. Y nos enganchamos porque era un deporte con el que se viajaba mucho en las categorías infantiles. En ese tiempo el "Gordo" Albert, un dirigente enorme, organizaba todo eso: nos llevaban a encuentros por todo el país y nos entusiasmábamos mucho. Recuerdo mi primer viaje a Chivilcoy; tenía 7 años.

-¿Cuándo te diste cuenta de que podías llegar muy alto y ser figura nacional?
-Nunca. Ni al día de hoy te imaginás o asumís eso. No te das cuenta. Sí creo que hay momentos claves. Para mí, uno central fue cuando decidí irme de Río Tercero a San Luis, porque fue el quiebre. Era tomar la decisión de jugarse para ver si en el básquet estaba mi futuro o no. Tenía 20 años, pero de cómo me fuera en ese paso dependía si era basquetbolista en adelante o a lo mejor me iba a estudiar una carrera u otra cosa.

-Y pasaste de un club que era tu casa a otro (el Gepu de San Luis) que quería ganar la Liga A...
-Sí. Ese año que yo llegué, Gepu recién había ascendido pero quería hacer mucho ruido en primera. Yo tuve la suerte que el entrenador era riotercerense, Daniel Rodríguez, y él quiso llevarme. Armaron un equipo fuerte, de jugadores muy reconocidos, entre los que cuales yo era el más desconocido. El primer torneo peleamos por el descenso pero al siguiente se sumó "Pichi" Campana y otros y salimos campeones de la Liga Nacional. No podía creer que a un año y medio de haber dejado 9 de Julio era el base del campeón nacional.

-En los años de inferiores, ¿quién era tu ídolo?, ¿a quién te querías parecer jugando?
-Mi ídolo era Oscar Diz, el base de aquellos años años de gloria del básquet de 9 de Julio. Por ejemplo, yo en inferiores usaba el número 8, porque él lo usaba. Cuando llegué a mayores, él lo ocupaba y ahí empecé a jugar con el 4, que desde entonces fue mi número de camiseta siempre. Y luego, por deslumbramiento, Michael Knight fue un tipo muy impactante para mí y creo que para muchos (Knight fue un base norteamericano que jugó a fines de los ´80 para 9 de Julio).

-Algunos dicen que jugás parecido a él...
-No, no. Ven mal si dicen eso. Ojalá pudiera... Ese tipo tenía demasiado talento para compararse.

-Y ya como jugador profesional, ¿quién te deslumbró?
-Me acuerdo que no podía creer que en mi segunda temporada en San Luis venía a jugar en mi equipo "Pichi" Campana, que estaba en un momento bárbaro, era deslumbrante de verdad. Encima, nos hicimos amigos y compartimos muchas cosas juntos fuera y dentro de la cancha. Al principio, uno vive deslumbrado por lo que va viviendo y eso hace que uno no se mueva de ese círculo, de nada más que básquet. Es como que los amigos y la vida pasan dentro de esa burbuja. Luego, con el tiempo, te vas dando cuenta y vas corrigiendo eso porque empezás a necesitar más contacto con el afuera, con otros ambientes y que el mundo no sea sólo "tu" básquet.

-La selección nacional, ¿es como un asunto pendiente de tu carrera?
-En lo interior, no, porque yo nunca me imaginé que iba a lograr lo que logré. Visto ahora, te digo que sí, que me hubiera gustado vestir la celeste y blanca en un torneo internacional. En realidad, me convocaron dos veces a la Selección. En una me cortaron, porque éramos 13 y debían quedar 12 en el equipo. Y en la segunda oportunidad, la abandoné yo porque tenía un asunto familiar que priorizar en ese preciso momento. Además, debo medir que mis mejores momentos coincidían con la presencia de jugadores mejores que yo en ese puesto, como Marcelo Milanesio, Richiotti, Montecchia, Pepe Sánchez, entre otros grandes que se merecían estar.

-En ese nivel tan profesional, ¿el básquet pasa a ser todo en la vida?, ¿lo fue para vos?
-El básquet me dio todo, un montón. Pero para mi lo central, antes, es la familia. El básquet fue el medio para que pudiera tener una vida muy feliz y darle a los míos un buen pasar y una experiencia de vida diferente a la de la mayoría. El básquet es el terreno en el que yo siempre me sentí cómodo, fue fundamental en mi vida, pero no es lo más importante.

-De todos los técnicos que pasaron por tu carrera, ¿a cuál recordás especialmente?
-A todos. Sería injusto nombrarte uno o dos. Hasta el que menos tiempo tuve, o hasta de algún extranjero que ni hablaba castellano, aprendí.

-¿Te ves como técnico, ahora que largás en ese rol en 9 de Julio?
-Estoy viendo si me veo como técnico. Todavía me siento más jugador que técnico, ya lo veré con el pasar de los partidos. Mi idea es que en dos o tres años voy o saber si quiero ser técnico y darle para adelante o no. Ahora quiero ver cómo lo siento.

-Muchos grandes deportistas que dejan la actividad temen al vacío que les queda. ¿Te pesa esto de la despedida?

-No. Me parece que lo asumo de la mejor manera posible. No me angustia para nada. Yo siempre dije que debía dejar el básquet antes que el básquet me dejara a mi. He escuchado de jugadores que decían que el momento del retiro es cuando ya no tenés ganar de entrenar, ni de estar en el vestuario, ni de viajar en el micro. Cuando eso, en el último año en Mar del Plata, me empezó a pasar, hice el clic. Me di cuenta que era mi momento.

-Y el último año en 9 de Julio otra vez fue una yapa...

-Sí, nada que ver. Fue como volver a las bases, a jugar porque te gusta y no porque es tu trabajo. Cuando a nivel profesional hay tantas presiones y cada partido rendís un examen para demostrar por qué estás allí, muchas veces te olvidás para qué o cómo habías arrancando a los 6 o 7 años. Y este año que jugué en 9 de Julio al final, volví a sentir en la cancha lo mismo que a los 17 o 18 años, y eso fue maravilloso.

 

Fuente: http://basketconcepcion.blogspot.com y http://www.lavoz.com.ar



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